Una vez leídas las diferentes ideas acerca de acelerar el aprendizaje, debo admitir que al igual que Siegried y Therese Engelmann, considero que cuanta mayor formación académica se proporcione a un niño en edad temprana mayores posibilidades de éxito tendrá. Sin embargo, no me afirmo rotundamente en esta teoría, puesto que considero que existen multiplicidad de factores a lo largo del desarrollo del niño que pueden condicionar la aceleración o no del aprendizaje.
Desde mi punto de vista, considero que un niño cuando es pequeño tiene más capacidad de aprender, puesto que se encuentra en una etapa de descubrimiento, en la que prima el interés por comprender y aprender cosas nuevas. De ahí, que esté a favor de que sea especialmente en edades tempranas cuando más se estimule al niño (como decían en el texto enseñándole a hablar más de un idioma, por ejemplo). Sin embargo, creo que es necesario distinguir entre estimulación y sobreestimulación; es decir, por mucho que podamos afirmar que los niños son esponjas, eso no quiere decir que puedan soportar gran cantidad de quehaceres y no desarrollar estrés. De hecho, hay estudios que demuestran que niños cargados de excesivas responsabilidades acaban abocados al fracaso, la frustración e incluso a desarrollar diferentes patologías.
Por todo ello, apoyo la idea de acelerar el aprendizaje siempre y cuando éste no exija en exceso; puesto que quizá de esta manera se constituya una base más firme y preparada para solventar diferentes dificultades que puedan existir en las sucesivas etapas académicas.
Es cierto que todo niño posee un proceso de aprendizaje basado en sus capacidades, sin olvidar que quizás un ambiente lleno de estímulos puede favorecer también ese aprendizaje por supuesto nunca sin forzarlo, de ahí que vierais el valor de ambas tendencias.
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SARA